““Excuse me while I throw this down, I’m old and cranky and tired of hearing the idiocy repeated by people who ought to know better. Real women do not have curves. Real women do not look like just one thing. Real women have curves, and not. They are tall, and not. They are brown-skinned, and olive-skinned, and not. They have small breasts, and big ones, and no breasts whatsoever. Real women start their lives as baby girls. And as baby boys. And as babies of indeterminate biological sex whose bodies terrify their doctors and families into making all kinds of very sudden decisions. Real women have big hands and small hands and long elegant fingers and short stubby fingers and manicures and broken nails with dirt under them. Real women have armpit hair and leg hair and pubic hair and facial hair and chest hair and sexy moustaches and full, luxuriant beards. Real women have none of these things, spontaneously or as the result of intentional change. Real women are bald as eggs, by chance and by choice and by chemo. Real women have hair so long they can sit on it. Real women wear wigs and weaves and extensions and kufi and do-rags and hairnets and hijab and headscarves and hats and yarmulkes and textured rubber swim caps with the plastic flowers on the sides. Real women wear high heels and skirts. Or not. Real women are feminine and smell good and they are masculine and smell good and they are androgynous and smell good, except when they don’t smell so good, but that can be changed if desired because real women change stuff when they want to. Real women have ovaries. Unless they don’t, and sometimes they don’t because they were born that way and sometimes they don’t because they had to have their ovaries removed. Real women have uteruses, unless they don’t, see above. Real women have vaginas and clitorises and XX sex chromosomes and high estrogen levels, they ovulate and menstruate and can get pregnant and have babies. Except sometimes not, for a rather spectacular array of reasons both spontaneous and induced. Real women are fat. And thin. And both, and neither, and otherwise. Doesn’t make them any less real. There is a phrase I wish I could engrave upon the hearts of every single person, everywhere in the world, and it is this sentence which comes from the genius lips of the grand and eloquent Mr. Glenn Marla: There is no wrong way to have a body. I’m going to say it again because it’s important: There is no wrong way to have a body. And if your moral compass points in any way, shape, or form to equality, you need to get this through your thick skull and stop with the “real women are like such-and-so” crap. You are not the authority on what “real” human beings are, and who qualifies as “real” and on what basis. All human beings are real. Yes, I know you’re tired of feeling disenfranchised. It is a tiresome and loathsome thing to be and to feel. But the tit-for-tat disenfranchisement of others is not going to solve that problem. Solidarity has to start somewhere and it might as well be with you and me.””
Loft 24/7 …see more on Architizer
Love Love Love <3
tumblin’ down the rabbit hole…

tumblin’ down the rabbit hole…

Tea
Fideos a la bolognesa en hornalla de gas! que camping top!
Le tomé la mano Le tomé la mano Como si aún fuera mía. Le dediqué una caricia Como si siguiera el día Le di un beso Y me fui Como se cualquiera se iría.   Me miré en sus ojos En un reflejo vacío Me dediqué una mentira Una inútil sonrisa, Y lloré. Lloré por siempre, y por todo lo mío.   Las lágrimas que me vieron Se compadecieron de mí Los recuerdos que quedaban Se burlaron también así Los besos que aguardaban Se entristecieron Y mi vida, desolada, Pronto se fue de mí.   Quise correr entonces, Como nunca había corrido Quise también perderme Como la sal en el río Como la estrella en el cielo Como la luz en mi vida Como el creciente anhelo De olvidar lo que perdía.   Aunque tierra quedaba Era tierra y nada más Niebla y agua lloraban Mis ojos, ya sin parar. Mi corazón despedazaba Viejas cartas de amor Letras sagradas de un dios, Secretos sueños del sol, Despedidas y ese adiós.   Quise tomar la mano Que quedaba en mi recuerdo Esa fría mano triste Que finaba sin su aliento. Quise tomarla de cerca Quise alejarla, doliendo, Quise perderme por siempre Quise poder detenerlo.   Pero la mano punzaba Hondo en mi corazón La mano, La palma, Los dedos, Los años, diciendo que no.   Quise tocar su recuerdo Pero solo tomé su mano Quise agarrar mi memoria Pero todo lo que hice fue en vano. Quise perderme en el cielo, Cuando la vida hubiera acabado Quise aferrarme a su mano Cuando se iba sin mí a su lado.   Quise correr solo entonces Por las veces que había parado Correr como nunca corría Como el viento, desolado Quise llorar para siempre Quise poder olvidarlo Ganar para siempre el suspiro Perder para siempre el espacio   Por eso tomé su mano Como si aún fuera mía Y le dedique mi caricia Al último rayo del día Intenté rodear mil veces, La idea de su alegría Pero su mano era cruda Su mano era pétrea, Y fría.   MEP 2001 - 2005

Le tomé la mano

Le tomé la mano

Como si aún fuera mía.

Le dediqué una caricia

Como si siguiera el día

Le di un beso

Y me fui

Como se cualquiera se iría.

 

Me miré en sus ojos

En un reflejo vacío

Me dediqué una mentira

Una inútil sonrisa,

Y lloré.

Lloré por siempre,

y por todo lo mío.

 

Las lágrimas que me vieron

Se compadecieron de mí

Los recuerdos que quedaban

Se burlaron también así

Los besos que aguardaban

Se entristecieron

Y mi vida, desolada,

Pronto se fue de mí.

 

Quise correr entonces,

Como nunca había corrido

Quise también perderme

Como la sal en el río

Como la estrella en el cielo

Como la luz en mi vida

Como el creciente anhelo

De olvidar lo que perdía.

 

Aunque tierra quedaba

Era tierra y nada más

Niebla y agua lloraban

Mis ojos, ya sin parar.

Mi corazón despedazaba

Viejas cartas de amor

Letras sagradas de un dios,

Secretos sueños del sol,

Despedidas y ese adiós.

 

Quise tomar la mano

Que quedaba en mi recuerdo

Esa fría mano triste

Que finaba sin su aliento.

Quise tomarla de cerca

Quise alejarla, doliendo,

Quise perderme por siempre

Quise poder detenerlo.

 

Pero la mano punzaba

Hondo en mi corazón

La mano,

La palma,

Los dedos,

Los años, diciendo que no.

 

Quise tocar su recuerdo

Pero solo tomé su mano

Quise agarrar mi memoria

Pero todo lo que hice fue en vano.

Quise perderme en el cielo,

Cuando la vida hubiera acabado

Quise aferrarme a su mano

Cuando se iba sin mí a su lado.

 

Quise correr solo entonces

Por las veces que había parado

Correr como nunca corría

Como el viento, desolado

Quise llorar para siempre

Quise poder olvidarlo

Ganar para siempre el suspiro

Perder para siempre el espacio

 

Por eso tomé su mano

Como si aún fuera mía

Y le dedique mi caricia

Al último rayo del día

Intenté rodear mil veces,

La idea de su alegría

Pero su mano era cruda

Su mano era pétrea,

Y fría.

 

MEP 2001 - 2005

De dioses, astros y destinos Quisieran las nuevas lunas contar los insondables abismos que ha recorrido tu mirada a través de estos inciertos caminos del tiempo. Su tenue luz brillaría entonces como luciérnagas a la deriva en el patrón para otros irreconocible de tu destino. Presenciarían los vientos que han dado forma a tu recorrido, divisarían a lo lejos el magnífico diseño de tu vida, se mojarían en ese vivo recuerdo sin pérdida, sintiendo que quizás ese dibujo está completo. Y en las noches que las alberguen solo notarían que no son las mismas porque no recuerdan de donde ha venido tu obra, no recuerdan ese paso de langostas que devastaron los campos, ni las caídas de tu imperio que sonríe con cada renacer. No recuerdan las albas que las hacen morir en un amanecer de sangre nueva, y no verán a sus hermanas cometer idénticos desatinos. Pero ellas mueren, y han muerto, y morirán muchas otras, viéndote recorrer ese sinuoso patrón de diamantes que brillan debajo. Quizás ninguna de ellas comprenda lo que significa estar ahí, presenciar su momento, cumplir su propio destino e iluminar tu obra incompleta. Probablemente muera cada una sin sonreír esa comprensión mágica y trascendente, sino tan solo su deslumbrante dentadura de espejos. Y esta noche, otra muere… otra nace… otra ilumina tus pasos… ______________________________________________________________ Al hacerse de noche siento frío y maldigo los impávidos astros del cielo, otro ciclo se cumple, y el invierno se aproxima. Otra noche, como todas las noches, oscura, eterna, ingrata. Corro sobre la tierra y me veo desaparecer. Negro sobre negro. Nada sobre nada. Este infame camino que no se termina nunca, sin luz al final de túneles, ni manuales de instrucciones, ni días que corten esta noche infinita. Me pregunto a veces (tantas veces) cuál es el camino que estoy tomando, o si estoy tomando acaso algún camino. Si es el mío, si lo habré robado al recorrerlo. La oscuridad me consume otra vez, como hace tanto tiempo, pero pienso, tengo que pensar para no perderme en tanta negrura. Y esa estúpida luna, que se ríe de mí, con su blanca sonrisa recalcitrante. La luna sabe. La hija de puta sabe… ______________________________________________________________  Está ahí, abajo, de a ratos me observa, aún no me decido si me tiene desconfianza o si agradece mi compañía. Yo lo acompaño, quizás porque recién nos encontramos, y quisiera conocerlo. Quizás porque me desperté aquí arriba y no puedo con esta incertidumbre. De a ratos parece perdido y otros nos guía a ambos con la certeza de un hombre que conoce, que sabe. Deja atrás suyo una estela y no quiero perderme observándola para no quedarme atrás tan lejos. Luego me mira de nuevo, no sé cómo descifrar su rostro, se detiene. Entonces le sonrío suavemente, para que sepa que no está solo… ______________________________________________________________  MEP - 072010

De dioses, astros y destinos

Quisieran las nuevas lunas contar los insondables abismos que ha recorrido tu mirada a través de estos inciertos caminos del tiempo. Su tenue luz brillaría entonces como luciérnagas a la deriva en el patrón para otros irreconocible de tu destino. Presenciarían los vientos que han dado forma a tu recorrido, divisarían a lo lejos el magnífico diseño de tu vida, se mojarían en ese vivo recuerdo sin pérdida, sintiendo que quizás ese dibujo está completo. Y en las noches que las alberguen solo notarían que no son las mismas porque no recuerdan de donde ha venido tu obra, no recuerdan ese paso de langostas que devastaron los campos, ni las caídas de tu imperio que sonríe con cada renacer. No recuerdan las albas que las hacen morir en un amanecer de sangre nueva, y no verán a sus hermanas cometer idénticos desatinos. Pero ellas mueren, y han muerto, y morirán muchas otras, viéndote recorrer ese sinuoso patrón de diamantes que brillan debajo. Quizás ninguna de ellas comprenda lo que significa estar ahí, presenciar su momento, cumplir su propio destino e iluminar tu obra incompleta. Probablemente muera cada una sin sonreír esa comprensión mágica y trascendente, sino tan solo su deslumbrante dentadura de espejos. Y esta noche, otra muere… otra nace… otra ilumina tus pasos…

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Al hacerse de noche siento frío y maldigo los impávidos astros del cielo, otro ciclo se cumple, y el invierno se aproxima. Otra noche, como todas las noches, oscura, eterna, ingrata. Corro sobre la tierra y me veo desaparecer. Negro sobre negro. Nada sobre nada. Este infame camino que no se termina nunca, sin luz al final de túneles, ni manuales de instrucciones, ni días que corten esta noche infinita. Me pregunto a veces (tantas veces) cuál es el camino que estoy tomando, o si estoy tomando acaso algún camino. Si es el mío, si lo habré robado al recorrerlo. La oscuridad me consume otra vez, como hace tanto tiempo, pero pienso, tengo que pensar para no perderme en tanta negrura. Y esa estúpida luna, que se ríe de mí, con su blanca sonrisa recalcitrante. La luna sabe. La hija de puta sabe…

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Está ahí, abajo, de a ratos me observa, aún no me decido si me tiene desconfianza o si agradece mi compañía. Yo lo acompaño, quizás porque recién nos encontramos, y quisiera conocerlo. Quizás porque me desperté aquí arriba y no puedo con esta incertidumbre. De a ratos parece perdido y otros nos guía a ambos con la certeza de un hombre que conoce, que sabe. Deja atrás suyo una estela y no quiero perderme observándola para no quedarme atrás tan lejos. Luego me mira de nuevo, no sé cómo descifrar su rostro, se detiene. Entonces le sonrío suavemente, para que sepa que no está solo…

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MEP - 072010

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